Muchas pequeñas poblaciones del interior de la Comunidad Valenciana se encuentran hoy en una difícil situación tras la crisis de los modelos agropecuarios de mediados del siglo pasado, sufriendo un lento proceso de despoblamiento y estancamiento económico.
Sin embargo, un panorama bien distinto se perfila en la actualidad para aquellos municipios de la llamada "segunda línea de costa", gracias al impulso generado por el sector del "turismo de interior", en constante crecimiento en nuestro país, interesado por aspectos tales como el patrimonio rural y buscando alternativas al tradicional "turismo de sol y playa", convirtiéndose en un factor clave de dinamización social y reactivación económica.
Dentro de este contexto encajaría perfectamente el caso de Orxeta. Se trata de un modesto municipio de apenas 24 Km2 y una población que no supera los 800 habitantes, pero con un entorno natural y un patrimonio cultural privilegiado, bien comunicado y próximo a la costa y a los núcleos de población con fuerte vocación turística.
En consecuencia, y paralelamente a la actividad turística, también se incrementa necesariamente la actividad constructiva para abastecer la demanda de infraestructuras y de viviendas de segunda residencia, afectando a amplias áreas del territorio susceptibles de contener valores patrimoniales de muy diverso orden (arqueológico, etnográfico, paleontológico, etc.).
Este fenómeno plantea una seria problemática en torno a la protección y conservación del legado patrimonial en el medio rural, que es urgente encauzar a través de la puesta en marcha de políticas municipales preventivas, ya no sólo por su consideración como recurso estratégico para el desarrollo económico local, sino como salvaguarda de una de las "principales señas de identidad del pueblo valenciano y testimonio de su contribución a la cultura universal" (Preámbulo. LEY 4/1998, de 11 de junio, de la Generalitat Valenciana, del Patrimonio Cultural Valenciano).
Es esta una labor de enormes proporciones que corresponde especialmente a la administración cultural, pero en la que es indispensable la colaboración de todos los ciudadanos.
En sintonía con los principios de la Ley Valenciana 4/1998 de Patrimonio Cultural, estamos convencidos de que la protección y conservación del patrimonio cultural no pasa únicamente por la toma de una serie de medidas preventivas, prohibitivas y sancionadoras por parte de las instituciones y poderes públicos. La colaboración de la sociedad, a través de la educación, la información, la difusión y campañas de sensibilización, es la piedra angular imprescindible en esta labor de salvaguarda.